sábado, 26 de noviembre de 2011

but of course


Estudios sobre lactancia: Las mujeres con mayor nivel social y educativo alargan más el periodo de lactancia
“La lactancia materna, casi imprescindible para la supervivencia infantil hace no muchos años, ha variado durante la segunda mitad del siglo XX debido, principalmente, a la aparición de la lactancia artificial”, explica Juan Ramón Ordoñana, investigador de la Universidad de Murcia y autor principal del estudio.
El trabajo, publicado recientemente en el Journal of Human Lactation, analiza cómo han evolucionado las tasas de lactancia materna en la Región de Murcia y, por extensión en España, en las últimas décadas, si se comportaban igual las mujeres que tenían hijos en los años 60’ que las que lo hacían en los 80’ o en los 90’.

Alargar la lactancia meterna vuelve a ser importante para las madres

“Encontramos una gráfica con forma de U”, afirma Ordoñana. “Las duraciones de lactancia materna más altas se encontraron a principios de los 60’ (61,3% más de seis meses) y a finales de los 90’ (29% para la misma duración) y las más bajas, en la década de los 70’ y 80’ (14,4% y 19,2%, respectivamente)”.
Los autores estudiaron a 666 mujeres que habían sido madres por primera vez desde principios de los 60 hasta finales del siglo pasado. Además de recoger información sobre la alimentación de sus hijos, los expertos tomaron datos sociodemográficos, fundamentalmente el nivel de estudios que habían alcanzado.
“El efecto de un mayor nivel educativo sobre la duración de la lactancia no es siempre el mismo y depende del contexto social en que se produce”, subraya Ordoñana.

¿Por qué las mujeres con más formación prolongan más la lactancia?

La investigación relaciona estos resultados con los cambios sociales ocurridos y su impacto en las mujeres.
Así, las mujeres con un nivel de estudios medio o superior disminuyeron la duración de la lactancia de forma drástica al inicio de los 70 y sus tasas se equipararon al de mujeres con menos estudios en las décadas de los 70 y 80. Sin embargo, posteriormente presentaron una tendencia firme al aumento (del 3,4% anual) que se mantuvo hasta el final de siglo.
Los autores explican estos resultados en la mayor facilidad de las mujeres con mayor nivel de estudios para asimilar los mensajes del personal sanitario acerca de los beneficios de la lactancia materna. “También es probable que las condiciones de sus trabajos, su nivel económico y su mayor acceso a servicios sanitarios facilitaran el mantenimiento de la lactancia materna si lo deseaban”, recalcan.

De la maternidad arropada por las mujeres de la tribu al apoyo de la pareja

La investigación relaciona estos resultados con los cambios sociales ocurridos y su impacto en las mujeres. Por ejemplo, se ha pasado de una estructura familiar amplia, donde convivían las mujeres de varias generaciones y se apoyaban unas a otras en el “arte de lactar”, a una familia nuclear, donde la mujer cuenta cada vez más con el apoyo emocional e instrumental de su pareja, pero no tanto con el de otras mujeres.
Igualmente, los expertos asocian esta evolución con la incorporación progresiva de las mujeres al mundo laboral, el movimiento hacia la recuperación de lo natural que apareció a finales de los 90, la ampliación del permiso de maternidad y un amplio número de factores socioculturales que han influido en el comportamiento de las mujeres ante la llegada de sus bebés.
Además, las recomendaciones del personal sanitario en torno a la alimentación de los recién nacidos han oscilado desde la lactancia artificial durante los años 70 y 80, al posterior fomento de la lactancia materna, debido a los beneficios para la salud que se descubrían y a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud de prolongarla hasta los seis meses como mínimo.
Este estudio se enmarca dentro del proyecto Registro de Gemelos de Murcia, cuyo objetivo es analizar la contribución relativa de factores tanto genéticos como ambientales en el desarrollo de conductas relacionadas con la salud.
Fuente: SINC.

jueves, 17 de noviembre de 2011

god

Like most people, questions about the existence of God and all things spiritual plague me frequently. I want to believe in such things, especially when it comes to continuity of my consciousness. I don’t like the idea of disappearing when I die. I suspect most other people don’t either, which is what makes belief in systems like Heaven, reincarnation, or even Hell an attractive prospect to our minds. Despite my desire to accept religious teachings, I am constantly prevented by a simple fact: no one has found any physical evidence of something like a soul, or any mechanism which might enable a persistent consciousness beyond our current brain. The lack of physical evidence coupled with the strong benefit of believing in life after death, leads to strong doubt in my mind.
My assumption has always been: If something like a soul exists, and it affects our consciousness in any manner, then it must be detectable by some scientific device. I find it difficult to imagine that something can interact with my physical body without leaving any physical trace. But though I find it hard to imagine, is it possible for something like a soul to interact with me without leaving any physical trace?
I chose to test this hypothesis using a thought experiment, and ended up formulating a computer model to simulate our souls, the afterlife, and a spiritual model which requires no visible physical component.
MORE.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Caveman was buried like a woman, leading scientists to question his sexual orientation.
Stone Age remains Photo: ZUMA Press
Archaeologists investigating a 5,000-year-old Copper Age grave in the Czech Republic believe they may have unearthed the first known remains of a gay or transvestite caveman, reports the Telegraph.
The man was apparently buried as if he were a woman, an aberrant practice for an ancient culture known for its strict burial procedures.
Since the grave dates to between 2900 and 2500 BC, the man would have been a member of the Corded Ware culture, a late Stone Age and Copper Age people named after the unique kind of pottery they produced. Men in this culture were traditionally buried lying on their right side with their heads pointing west, but this man was instead buried on his left side with his head pointing east, which is how women were typically buried.

“From history and ethnology, we know that people from this period took funeral rites very seriously so it is highly unlikely that this positioning was a mistake,” said lead archaeologist Kamila Remisova Vesinova. “Far more likely is that he was a man with a different sexual orientation, homosexual or transsexual.”
Another clue is that Corded Ware men would typically be buried alongside weapons, hammers and flint knives, as well as food and drink to prepare them for their journey to the other side. But this man’s grave instead contained only a traditional egg-shaped pot, which was what women were typically buried with.
With all the evidence taken together, archaeologists are confident that the best explanation for the strange burial is that the man was effeminate, perhaps a homosexual, and possibly a transvestite.
“We believe this is one of the earliest cases of what could be described as a ‘transsexual’ or ‘third gender grave’ in the Czech Republic,” reiterated cooperating archaeologist Katerina Semradova.
Semradova also noted that archaeologists from a previous dig had uncovered a grave from the Mesolithic period where a female warrior was buried as a man, so mixed gender burials, though rare, were not unprecedented.
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